Núria Crespo Pérez
Núria Crespo Pérez (Alzira, 1997) bailarina. Su práctica artística se desarrolla entre la interpretación, la creación y la pedagogía, con un interés especial por los procesos de investigación del cuerpo, el movimiento y la improvisación-composición, con una comprensión transcategórica de la danza.
Formada en danza contemporánea y pedagogía de la danza, ha desarrollado sus estudios en el Conservatorio Profesional de Danza de València y en el Conservatorio Superior de Danza del Institut del Teatre de Barcelona. Su trabajo se nutre de diversas aproximaciones a la danza y al movimiento atravesadas por las miradas y prácticas de Rocío Pérez, Maite Bacete, Gema Gisbert, Emma Romeu, Marta Fernández, Santiago Ribelles, Lipi Hernández, Andrés Corchero, Juan Carlos Lérida, entre otros, y por su paso por la HZT en Berlín.
En el ámbito de la creación, ha formado parte del Col·lectiu Tal Vegada junto a Emma Romeu, donde han presentado las piezas escénicas: Tal Vegada (2018), Inventari (2020), Roser (2023), con el apoyo de Espai Inestable y Festival Russafa Escènica. Junto a Bernat Sanjuan presentó en 2021 Opus.0, y Al cim, un cos penjant (2022), con el apoyo del festival Migrats, Graners de Creació y Espai Inestable. Actualmente, desarrolla Morphopop, proyecto que ha sido apoyado por los Laboratorios de investigación del IVC, Motors de Creació de la APDCV junto a Elena Córdoba, el Graner y La Mutant, donde se estrenó la primera pieza escénica Morphopop: Arranque.
Morphopop
Morphopop es un marco de investigación dancística que reúne tres perspectivas interdependientes: la metodológica, la investigadora y la creativa-coreográfica. El proyecto tiene la voluntad de generar un estado físico presente, potente y complejo, a través de dos ejes centrales del trabajo, como son morpho (forma/cambio) y lo pop (los principios dinámicos del vocablo pop, el género musical o marco artístico y la cultura popular).
Morphopopear es alterar y modificar la forma a través del pop o de lo popular, o modificar lo pop a través de la forma. Es la tensión en sí misma, la extrañeza de la mezcla que genera identidad o la extrañeza de la identidad como consecuencia de su mezcla. Utilizamos el estado físico, el imaginario que acompaña al pop, la sencillez de su estructura, la ficción de las letras y el estereotipo, para tensar la relación entre el cuerpo, el espacio y la música a través de herramientas que nos permiten surfear el tema musical; es decir, romper la literalidad de todas estas capas del pop y jugar con ellas, construyendo un cuerpo potente, que se desborda de sí mismo y se descubre gozoso en aquello que encuentra. El cuerpo del morphopop está siempre atravesado por tensiones, por los afectos y las potencias que lo mueven, por la trayectoria de quien lo baila y por la música concreta que lo agita.
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¿Es posible una convivencia entre el carácter excesivo del morphopop (pop) y la sutileza, lo invisible?